Armas – Revista Militar

ANHCM impulsa difusión del valor histórico y militar de la Ciudadela

Desde su construcción, el edificio fue concebido como guarnición y fortaleza, destinada a la protección de la Ciudad de México 

Con el objetivo de resaltar el valor histórico, cívico y militar del edificio de La Ciudadela, la Asociación Nacional del Heroico Colegio Militar (ANHCM) realizó el pasado 23 de enero un recorrido guiado por este inmueble construido de 1793 a 1807 como fábrica de tabacos, que posteriormente sirvió como guarnición militar y que actualmente alberga la Biblioteca de México “José Vasconcelos”.

La actividad forma parte de las acciones que la ANHCM impulsa para promover la cultura militar y preservar la memoria de los héroes del Heroico Colegio Militar y Heroica Escuela Naval Militar, así como para difundir la relevancia de espacios y hechos históricos vinculados con la conformación del Estado mexicano.

El General Brigadier David Moreno Cruz, integrante de la asociación y profesor del Heroico Colegio Militar, señaló que la ANHCM cuenta con la capacidad de establecer vínculos con bibliotecas y universidades públicas, a fin de ampliar su difusión, fortalecer su presencia institucional, así como promover intercambios académicos, aprovechando tanto el interés como la disposición de sus integrantes por conocer el trabajo que desarrollan otros organismos en la materia.

BASTIÓN MILITAR DECISIVO EN EL SIGLO XVIII

Durante el recorrido, el Jefe del Departamento de Producción Editorial de la Biblioteca de México, Miguel García Ruiz, explicó que la huella militar de La Ciudadela se encuentra presente desde sus cimientos, ya que el primer proyecto de construcción —diseñado por el arquitecto español José Antonio González Velázquez— fue encomendado al Ingeniero Militar Miguel Constanzó.

El proyecto, explicó, no sólo contemplaba la construcción de un inmueble destinado a la fabricación de puros y cigarrillos como Real Fábrica de Tabacos de la Nueva España, sino que desde su concepción se visualizó también como guarnición y fortaleza, pensada para la protección de la Ciudad de México desde el siglo XVIII en adelante, señaló García Ruiz durante el recorrido guiado a los integrantes de la ANHCM.

El guía precisó que esta construcción solo duró ocho años como fábrica de tabacos y que durante la Guerra de Independencia el edificio se convirtió en cuartel militar y prisión. En 1815, la Corona española llevó preso y realizó el último juicio al General José María Morelos y Pavón.

“Aquí el virrey Félix María Calleja le entregó la sentencia de muerte y una madrugada del 22 de diciembre de 1815 salió para ser fusilado en Ecatepec. A partir de este año, todo el siglo XIX se convirtió en prisión, cuartel y fábrica de armas”, detalló ante generales retirados invitados a este recorrido.

Cabe mencionar que la Asociación Nacional del Heroico Colegio Militar impulsó la construcción del “monumento al Generalísimo José María Morelos y Pavón”, inaugurado el 2 de mayo de 1912 en la plaza de La Ciudadela, con motivo del centenario del sitio de Cuautla, en el que Morelos y sus fuerzas insurgentes resistieron 72 días el cerco de las tropas realistas comandadas por Calleja.

En 1816, Félix María Calleja convirtió el edificio en un búnker de artillería y, a partir de ese momento, fue conocido como La Ciudadela que fungió como armería, prisión y cuartel hasta mediados del siglo XX.

En el contexto de las pugnas entre conservadores y liberales, el Jefe del Departamento de Producción Editorial de la Biblioteca de México señaló que desde La Ciudadela “se derrocaban o se defendían a presidentes”. Como ejemplo, recordó que en 1840 alumnos del Heroico Colegio Militar se acuartelaron en este edificio con el objetivo de liberar al presidente Anastasio Bustamante, quien se encontraba prisionero en Palacio Nacional.

TESTIGO DE LA DECENA TRÁGICA

El edificio que hoy alberga la Biblioteca de México “José Vasconcelos” fue escenario de uno de los episodios que marcaron el inicio de la fase armada de la Revolución Mexicana: la llamada Decena Trágica, ocurrida del 9 al 18 de febrero de 1913, cuando un levantamiento armado contra el presidente Francisco I. Madero derivó en su derrocamiento y en la posterior instalación de Victoriano Huerta en la Presidencia de la República.

En febrero de 1913, los generales insurrectos Manuel Mondragón y Félix Díaz ―sobrino de Porfirio Díaz― tomaron La Ciudadela, luego del intento fallido de hacerse de Palacio Nacional. Desde este lugar, ordenaron bombardeos sobre el centro de la capital del país para generar caos y presión contra el gobierno de Madero, lo que derivó en múltiples muertes de civiles.

Los Generales Manuel Mondragón y Félix Díaz se aliaron con Victoriano Huerta, a quien el presidente Francisco I. Madero había encomendado la tarea de contener a los insurrectos. Tras consumarse la traición de Huerta, los rebeldes aprehendieron al presidente y al vicepresidente José María Pino Suárez, quienes fueron asesinados el 22 de febrero de 1913.

ÁVILA CAMACHO CONVIRTIÓ LA CIUDADELA EN BIBLIOTECA

Luego de más de tres décadas, el presidente Manuel Ávila Camacho ―último con grado militar de General―decidió albergar en este edificio la Biblioteca de México, la cual se inauguró en 1946 bajo la dirección de José Vasconcelos. Por este motivo, en el año 2000, el presidente Ernesto Zedillo asignó a la Biblioteca de México el nombre este promotor de la cultura y educación en el siglo XX.

En la actualidad, La Ciudadela es sede de la Ciudad de los Libros y la Imagen, un centro cultural inaugurado en 2012 que resguarda las colecciones personales de cinco figuras fundamentales de la cultura mexicana del siglo XX: Carlos Monsiváis, Alí Chumacero, Jaime García Terrés, Antonio Castro Leal y José Luis Martínez. El recinto cuenta, además, con salas de consulta general e infantil, espacios para personas con discapacidad visual, una hemeroteca, así como áreas culturales y de usos múltiples.

En este recorrido, el público en general también podrá conocer el Patio Central Octavio Paz, conocido antiguamente como cernidor, donde se realizaba la mezcla de tabacos; el Patio de los Escritores, las bibliotecas personales de Carlos Monsiváis y José Luis Martínez, así como la sala para personas con discapacidad visual.