Desde el manejo de armamento colectivo hasta la atención sanitaria, se exige a los discentes a responder bajo presión
Una vez que los nuevos reclutas del Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional consiguen que el cuerpo aguante largas jornadas de entrenamiento así como responder a todo pulmón ―y sin desmayarse― con un: ¡Si… mi… Sargento!, es hora de comenzar con un nuevo reto en su carrera militar: aprender a desempeñar una función específica dentro de su unidad.
Conocimientos que el recluta adquiere en la 2/a. Fase de Adiestramiento del Ejército Mexicano por función orgánica o específica, la cual se imparte en el 81/o. de Batallón de Infantería, ubicado en el Campo Militar No. 37-C en San Miguel de los Jagüeyes.
¿En qué consiste la 2/a Fase de Adiestramiento?
La 2/a. Fase, de un total de cinco, tiene una duración de cuatro semanas e incluye materias como armamento colectivo, sanidad, transmisiones, orden cerrado, pasos de la pista y reacción a emboscadas, las cuales tienen como objetivo fortalecer las capacidades operativas del personal militar.
“De inicio, el elemento es asignado a tareas específicas dependiendo de las capacidades que demuestre, conocimientos que tenga y destrezas que vaya adquiriendo durante la1/a. Fase, con el propósito de explotar esas capacidades”, explicó el Teniente Coronel Julián Rosales López, Segundo Comandante y Subdirector del 81/o. Batallón de Infantería y Escuela Militar de Infantería.
Capacitación práctica para el manejo del armamento colectivo
Lejos del caos de la ciudad, entre un paisaje sereno y un clima cálido que apenas se siente bajo la sombra de gigantescos árboles, se encuentra el Módulo de Armamento Colectivo, donde el personal adscrito a la Secretaría de la Defensa Nacional (DEFENSA) aprende de manera teórica y práctica tanto el arme como desarme de la ametralladora MINIMI 7.62 mm de fabricación belga, con una cadencia de hasta 800 disparos por minuto, empleada en operaciones de alto impacto.
El Sargento 1/o. Claudio Horacio López López, instructor de este módulo, explicó que en este entrenamiento especializado del Ejército se enseña a los elementos a identificar las diferentes partes de la ametralladora para posteriormente realizar la práctica de arme y desarme.
Este proceso requiere alrededor de 15 días de práctica para que el personal militar logre dominarlo. Después, en la evaluación del personal, viene la prueba de fuego en la que deben demostrar lo aprendido y armar la ametralladora en un tiempo máximo de cinco minutos.
“La importancia de conocer el arme y desarme radica en que los elementos de tropa puedan identificar cualquier falla, pieza dañada o necesidad de limpieza del arma, así como sustituir algún componente para evitar accidentes. De esta forma, el personal militar adquiere los conocimientos necesarios para realizar ciertas reparaciones de su arma en el lugar donde se encuentre”, agregó.
Profesionalización militar en el establecimiento de enlaces de comunicación
Existen ciertas misiones de las armas y servicios, en las que se requiere establecer enlaces de telecomunicaciones que permitan mantener informado al mando sobre las actividades que desarrollan las unidades. Por ello, en el módulo de transmisiones, los elementos aprenden a establecer comunicación mediante el Radio Falcon 1, entre otros sistemas.
Estos ejercicios se desarrollan entre la presión del desconocimiento de la tecnología y el asombro que causa en el espíritu, el aprender a hacer algo nuevo; por lo que más de uno parece disfrutar la tarea.
En este escenario, el personal militar simula la operación de un centro principal de transmisiones, en el que los radio operadores deben establecer comunicación con una célula desplegada en el campo. Esta dinámica de capacitación militar exige programar correctamente la frecuencia, realizar el enlace con el equipo Delta 2 y mantener el flujo de información entre ambos puntos.
Al otro lado de la comunicación, el equipo recibe y transmite los mensajes desde una posición exterior, mientras los datos son registrados en radiogramas para después ser entregados al Comandante, quien con esta información puede conocer la ubicación y situación de las unidades desplegadas del Ejército Mexicano.
Como parte de la práctica, los operadores simulan el establecimiento de comunicaciones en zonas sin energía eléctrica. Para ello, utilizan un molino manual ―atado a la cintura o a un árbol― que permite generar la electricidad necesaria para recargar las baterías de los equipos de radio, proceso que puede tomar hasta cinco horas, pero que lejos de parecer un carga, los elementos realizan con paciencia y cierto entusiasmo.
“Además de adiestrar al personal de Transmisiones, también capacitamos a personal de Infantería, ya que en algunas ocasiones no contamos con operadores. Por ello, seleccionamos a elementos que puedan emplear los equipos de radio y establecer los enlaces de comunicación”, explicó el Subteniente de Transmisiones Bulmaro Martínez Alonso, comandante del Pelotón de Transmisiones del 81/o. Batallón de Infantería y Escuela Militar de Infantería.
Medicina táctica, capacidad esencial para salvar vidas
En operaciones de campo, desmayarse al ver sangre o dejar atrás a un compañero herido, no es una opción. Ante una herida de bala, un cuadro de insolación o una lesión sufrida durante una misión, los elementos deben mantener la calma y brindar a sus compañeros primeros auxilios, hasta conseguir su traslado a una unidad médica. Destrezas militares de medicina táctica que adquieren en el Módulo de Sanidad.
En caso de tratarse de una herida de bala, el Soldado Daniel Iván Martínez Barrera, explicó el procedimiento:
“Primero tienes que identificar el sitio donde se incrustó la bala. Posteriormente, debes descubrir toda la zona, realizar una asepsia, es decir, limpiar el área, y verificar dónde se encuentra el proyectil. Si es posible, se procede a extraerlo; sin embargo, si hacerlo compromete al paciente, debes dejarlo y trasladarlo a las instalaciones de Sanidad correspondientes”.
En esta fase del adiestramiento militar de la DEFENSA los elementos también aprenden a realizar canalizaciones intravenosas para administrar suero, reponer líquidos y contribuir a la estabilización de un paciente. Durante la práctica, los propios compañeros sirven como modelo, lo que permite que todos desarrollen la habilidad para localizar y canalizar una vena.
El Soldado Martínez Barrera― quien acababa de realizarle una canalización a uno de sus compañeros―, relató que esta práctica es una de las que mayor curiosidad y temor genera entre el personal de instrucción militar; sin embargo, destacó que es necesaria debido al tipo de actividades y situaciones a las que pueden enfrentarse.
Para superar el nerviosismo, ―señaló― es importante mentalizarse y ponerse en el lugar de la persona que requiere atención:
“Como personal militar, siempre voy a pensar en la familia, en que podría tratarse de mi hermano, alguno de mis compañeros o un amigo muy cercano al que tenga que salvar. Entonces, lo primero es recordar el adiestramiento paso a paso, apretar el cuerpo y canalizar la vena”.
Mujeres en el Arma de Infantería: capacidad, fortaleza y destreza para superar obstáculos
Para la Soldado de Infantería Lesli Valeria Mauricio Hernández, originaria de Zacatecas, llegar al Arma de Infantería no solo significó seguir los pasos de su familia, sino también comprobar que las mujeres pueden abrirse camino en un espacio que durante mucho tiempo estuvo integrado principalmente por hombres.
“Somos muy pocas mujeres dentro del arma, pero vamos poco a poco y hasta ahora hemos tenido buenos resultados”, señaló.
Para quienes consideran seguir sus pasos, su mensaje es:
“Que lo hagan, al final de cuentas los obstáculos están dentro de nuestra mente, nada nos puede detener, las mujeres somos fuertes, somos capaces y tenemos la destreza para estar dentro del Arma de Infantería o cualquiera de deseemos”.
Profesionalización militar: licenciaturas abren nuevas oportunidades en el Ejército Mexicano
Originario de Puebla, Christopher Rojas Flores decidió incorporarse al Ejército Mexicano después de cursar las licenciaturas en Derecho y Criminología. Acostumbrado al trabajo jurídico y a pasar buena parte del día en un despacho frente a una computadora, encontró en el adiestramiento militar un cambio que le permitió salir de su zona de confort.
“Cuando ingresé aquí, empezamos a ver lo que es el deporte, ejercicio, a veces nos llevan a nadar, eso me motivó muchísimo. Yo dije: ¡Wow!, me agrada salir del despacho en el que se está acostumbrado en mi profesión’”.
Rojas Flores asegura que la incorporación al Ejército Mexicano no necesariamente significa dejar atrás los conocimientos adquiridos en una universidad civil; por el contrario, estos pueden convertirse en una herramienta para construir una trayectoria especializada dentro de la institución.
A los jóvenes que ya cuentan con una carrera universitaria y que consideran causar alta en el Ejército, Fuerza Aérea o Guardia Nacional les dice:
“La verdad es un trabajo muy gratificante, tienes muchas experiencias, viajas, conoces muchos lugares, muchas personas. Entonces no duden en entrar aquí”.