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Armas – Revista Militar

SAMUEL CARLOS ROJAS RASSO, PRIMER PILOTO EN ALCANZAR EL GRADO DE GENERAL EN MÉXICO

Hablar de los inicios de la aviación en México es remontarnos a una época de grandes gestas y aventuras notables donde participaron hombres valientes haciendo cosas increíbles, que hasta el día de hoy inspiran a las nuevas generaciones que surcan los cielos a bordo de los pájaros de acero.

Navegar los cielos sobre una aeronave construida en tela y madera, fue un reto que los primeros pilotos mexicanos supieron sortear y cuyas proezas siguen haciendo eco en las páginas de la historia de la aviación nacional. En esta ocasión hablaremos de un personaje que obtuvo el primer título expedido como Piloto Aviador en la Escuela Nacional de Aviación.

El primero en alcanzar el grado de General Piloto Aviador en México, también se desempeñó como director del Colegio Militar y del Departamento de Educación Militar —hoy Rectoría de la Universidad del Ejército y Fuerza Aérea—. Además, fue el primer piloto mexicano en realizar un loop a bordo de un biplano Serie A de fabricación nacional, así como otras grandes acrobacias aéreas nunca antes vistas en el cielo mexicano.

Samuel Carlos Rojas Rasso nació el 21 de diciembre de 1891 en la ciudad de Puebla, Pue., corría el año de 1915 y el 5 de febrero don Venustiano Carranza creó el Arma de Aviación, a finales de ese mismo año el joven Samuel ingresó a la Escuela Nacional de Aviación, graduándose el 22 de febrero de 1918 donde obtuvo el primer título de Piloto Aviador, unos meses después, el 26 de junio.

Los periódicos de la época narran la primera elevación de un avión de fabricación nacional como uno de los sucesos más sobresalientes en la historia de la aeronáutica mexicana:

“Era el domingo 22 de septiembre ―de 1918―, la mañana estaba nublada y el tiempo no parecía propicio para que se llevara a cabo la exhibición aérea, organizada por la Escuela de Aviación Mexicana, en los llanos del Aeródromo de Balbuena en la capital del país. Poco después de las 10:00 hrs el mal tiempo dio paso al espectáculo aéreo, protagonizado exclusivamente por aviadores mexicanos, donde se rompieron varios récords e intentaron nuevas proezas”.

El periódico narra las demostraciones de pericia de los valientes pilotos mexicanos que realizaron acrobacias de alta dificultad:

“Los looping the loop, caídas de Immelman, caída de las hojas,  descensos en espiral y otras hazañas ya comunes entre los jóvenes aviadores mexicanos, se repitieron sin descanso”.

Ese día el público asistente ansiaba presenciar una demostración de los aviones de guerra de la recién creada Arma de Aviación, sin embargo, ese día no fueron satisfechos sus deseos:

“El público esperaba que en la exhibición de ayer los aviadores realizaran el simulacro de combate aéreo que la prensa había anunciado, y sus esperanzas se vieron defraudadas, ya que los vuelos, si bien atrevidísimos y verdaderamente notables algunos, no presentaron esa novedad esperada”.

Ese momento en Balbuena fue casi mágico. El rugido de los motores se mezclaba con el olor a aceite y madera recién barnizada; mientras la multitud, contagiada por la emoción, admiraba la valentía de aquellos pilotos que se atrevían a conquistar el cielo a bordo de los poderosos TNCA Serie A.

“¡Hurra! Fue la exclamación que instintivamente se escapó de todos los pechos. Y el poderoso pájaro, llevado por el propulsor ruidoso (…) Y después de ese, otro, y otro, y otro más. Todos hacia arriba, con las alas desplegadas, dejando en pos de sí, una estela de humo blanquísimo. Hubo un momento en que seis aviones estaban en la altura, suspendidos sobre nuestras cabezas […] De los hangares del aeródromo de Balbuena salieron los aviones modelo A de manufactura nacional que surcarían los cielos durante la exhibición, y junto a ellos los aviadores […]”.

Los periódicos de la época solían describir con detalle el equipo de seguridad de aquellos pioneros del aire que, en realidad, más que un equipo de seguridad, era un atuendo que resistía al clima y al entorno hostil de las cabinas abiertas. La verdadera seguridad dependía del valor del piloto y la solidez de las aeronaves de madera y tela.

“Tiene envuelta la cabeza en escafandra de pieles; con un traje flojo, parecido al de los buzos, y con unos tirantes de cuero, llamados escapularios y que sirven para afianzarlo en su asiento con objeto de que pueda efectuar la vuelta invertida, da un brinco y, como emperador del espacio, ocupa su lugar de honor”.

Una de las maniobras más temerarias que realizó el Teniente Rojas Rasso a bordo de la aeronave Serie A fue: La caída de las hojas, que consistía en mantener el avión en pérdida controlada oscilando de un lado a otro sin entrar en barrena. Esta acrobacia demuestra la capacidad del piloto para mantener el control de la aeronave sin caer en el desplome total.

Es importante hablar del piloto, pero también justo hablar de la aeronave, el material de vuelo con el que se realizaron grandes proezas fue el T.N.C.A. Serie A, que fue el primer avión biplano construido en su totalidad en la fábrica de aviones de los Llanos de Balbuena, esta aeronave tenía un motor Aztlatl radial de 6 cilindros con 60 caballos de fuerza y una hélice Anáhuac de paso fijo, con velocidad máxima de 129 kilómetros por hora.  Realizó su primer vuelo el 16 de mayo de 1917, en total se construyeron 37 aeronaves de este tipo.

A bordo de esta aeronave se realizaron grandes hazañas de la aviación mexicana. Horacio Ruiz Gaviño efectuó el primer correo aéreo el 6 de julio de 1917; el Capitán Alfonso Virgen Meza realizó el primer vuelo nocturno el 18 de octubre de 1918. Asimismo, fue a bordo de un Serie A donde perdió la vida el piloto mexicano Amado Paniagua, quien meses antes, el 26 de agosto de 1918, había sido el primero en realizar la vuelta Immelmann.

El piloto Samuel Rojas Rasso, además de ser gran acróbata, participó en varios episodios de la historia nacional como piloto de combate donde destacó la importancia de las aeronaves en el campo de batalla. 

De 1918 a 1919, participó en la Campaña contra las tribus Yaquis sublevadas, donde el gobierno de Venustiano Carranza emprendió campañas militares en Sonora contra los yaquis, quienes defendían sus tierras y autonomía. Estas operaciones se prolongaron durante varios años con enfrentamientos constantes.

En mayo de 1920, participó en el combate de Aljibes, Puebla, donde tuvo la misión de escoltar al presidente Venustiano Carranza, quien viajaba a bordo del tren presidencial. Durante el enfrentamiento, Rojas Rasso resultó herido. Días después, el 21 de mayo de 1920, Carranza fue asesinado en Tlaxcalantongo, Puebla.

En 1923, participó en contra del levantamiento del General Adolfo de la Huerta, quien buscaba derrocar al gobierno de Álvaro Obregón, este movimiento es considerado como el último intento de golpe de Estado que tuvo nuestro país, después de la Revolución Mexicana.

En 1936, se convirtió en el primer y único Piloto Aviador en ocupar la Dirección del Heroico Colegio Militar, con sede en Popotla, Ciudad de México. De manera simultánea, estuvo al frente de la Dirección General de Educación Militar, desde donde contribuyó a consolidar la aviación como un componente fundamental de la doctrina militar mexicana.

Falleció el 8 de agosto de 1939 en la Ciudad de México, a los 48 años de edad. En una época en la que los pilotos morían jóvenes, fue testigo del nacimiento del Arma de Aviación y de su consolidación como un componente fundamental de la táctica y la doctrina militar de nuestro país.

BIBLIOGRAFÍA: