COMPROMISOS LATINOAMERICANOS CONTRA EL CRIMEN ORGANIZADO TRANSNACIONAL
En 2025, el PIB mundial generó 113 billones de dólares, de los cuales América Latina y el Caribe aportaron 7.3 billones, es decir, el 7%. De estas actividades productivas, lamentablemente el crimen organizado transnacional (COT) se infiltró generando ingresos ilícitos mundiales que ascendieron a más de cuatro billones dólares, estimándose que la región latinoamericana participó con 450 mil millones de dólares.
Estos ingresos del COT latinoamericano provienen de actividades ilícitas realizadas principalmente por nueve importantes cárteles latinoamericanos en connivencia con 18 relevantes cárteles mundiales de diferentes mafias y redes del mundo. Normalmente los cárteles latinoamericanos controlan la producción, parte del transporte algunos corredores regionales. De igual forma, cárteles extranjeros se asocian como financieros, compradores, distribuidores y proveedores de insumos.
En Latinoamérica, el crimen organizado transnacional ha irrumpido en todos los ámbitos políticos, económicos y sociales, afectando la democracia y soberanía de los estados, paz y seguridad. Se estima que el 80% de las ganancias del COT en la región es captada por seis países: Brasil, México, Colombia, Perú, Ecuador y Venezuela.
La población mundial involucrada directamente en el COT se estima entre 25 y 40 millones y en el ecosistema ampliado entre 70 y 100 millones de personas. En Latinoamérica estas cifras revelan un involucramiento directo entre tres y cinco millones de personas y en su ecosistema ampliado 12 millones de personas más. Lo que significa que aproximadamente el 2.5 % de la población latinoamericana está participando en estas actividades ilícitas.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que los costos económicos por el COT en la región ascienden al 3.4% del Producto Interno Bruto (PIB) latinoamericano. Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) opina que “las organizaciones criminales: distorsionan la competencia, reducen la inversión, debilitan la recaudación fiscal, incrementan los costos de hacer negocios, capturan instituciones públicas y profundizan la desigualdad social”.
Las repercusiones actuales por la penetración de los delitos en Latinoamérica son enormes, debido a la falta de continuidad, coordinación y cumplimiento de los compromisos asumidos e implementación de sus estrategias de seguridad. No obstante, hay alternativas que se vislumbran en acciones concretas vía liderazgos y corresponsabilidades compartidas.
EL CRIMEN ORGANIZADO TRANSNACIONAL EN LATINOAMÉRICA
La región latinoamericana ocupa una superficie de 20.5 millones de km², en la que convergen 21 países, que se han visto seriamente afectados por el desarrollo del COT vía la comisión de sus 26 delitos: comercio y tráfico ilícito de especies en peligro de extinción, contrabando de bienes y servicios, contrabando de migrantes, corrupción, crímenes ambientales, crímenes cibernéticos, delitos financieros, extorsión, falsificación, fraude con tarjetas de crédito, homicidios por encargo, lavado de dinero, narcotráfico, piratería, pornografía infantil, robo de registro de patentes, robo de vehículos, secuestro, terrorismo, tráfico de armas, tráfico de arte, tráfico de materiales radioactivos, tráfico de metales preciosos, tráfico de órganos, tráfico de productos químicos peligrosos y trata de personas o lenocinio.
Desde hace muchos años los países latinoamericanos han venido asumiendo diversos tipos de compromisos, entre los que destacan los jurídicos con la suscripción de importantes tratados en los que se han comprometido a ajustar sus legislaciones y operaciones de combate al crimen organizado transnacional. Lamentablemente en la práctica, se registran violaciones sistemáticas a estos órdenes jurídicos por la falta de probidad y ética de muchos funcionarios públicos, y, en otros casos, por tener que ceder ante las amenazas de muerte para ellos o sus familias.
Una de las mayores preocupaciones que se advierten en la región latinoamericana es la altísima connivencia que existe entre los criminales y terceros. Según el Índice Global del Crimen Organizado 2025 publicado por la Iniciativa Global contra la Delincuencia Organizada Transnacional (GI-TOC), la complicidad se manifiesta con los siguientes niveles de participación: 23% actores integrados en el Estado, 22% redes criminales, 21% delincuentes extranjeros, 18% actores del sector privado y 16% grupos tipo mafioso.
COMPROMISOS PROACTIVOS PARA COMBATIR EL COT
En virtud de estos hechos, en el mes de julio de 2026, realicé un sondeo de opinión prospectiva en el que les pedí a expertos futuristas latinoamericanos, empresarios, profesionistas y jóvenes profesionistas, procedentes de diez países, que emitieran su opinión sobre las siguientes dos preguntas: ¿Qué puedes hacer tu constructivamente en tu país para combatir el Crimen Organizado Transnacional a corto, mediano y largo plazos? y ¿Qué puedes hacer tu constructivamente en tu país para detener el involucramiento de los jóvenes como delincuentes a corto, mediano y largo plazos?
Los resultados obtenidos muestran que todos los participantes están conscientes de la urgencia y trascendencia que tiene el impulsar su participación formal, organizada, estratégica y precisa. Sus compromisos se agruparon en siete áreas temáticas con la siguiente incidencia: 29% en fortalecimiento institucional y políticas públicas, 26% en educación, 22 % en trabajo y oportunidades económicas, 17% en tecnología, inteligencia y alerta temprana, 13 % en prevención social y comunitaria, 10% en divulgación y 10% en participación ciudadana y cultura de la legalidad.
Todos estos compromisos caben dentro de un Ecosistema Latinoamericano de Prevención Social contra el Crimen Organizado Transnacional que se sugiere sea lanzado por las sociedades latinoamericanas unidas, con proyectos innovadores, productivos, rentables, transformadores, medibles, sistemáticos y transversales.
