Armas – Revista Militar

BICENTENARIO DE LA TOMA DE SAN JUAN DE ULÚA. SU CONTEXTO Y TRASCENDENCIA

Por: Marcos Marín Amezcua

Catedrático de la UNAM

Este año 2025, es el colofón de conmemoraciones verificadas de 2008 a 2024, entrelaza el centenario de la Revolución Mexicana y el bicentenario de la Independencia aunando el destacadísimo bicentenario de la capitulación de la fortaleza de San Juan de Ulúa conseguida por los ínclitos próceres de la Patria comandados por Sainz de Baranda, arrebatándole al dominio español, cesando sobre el territorio nacional. Cubre de gloria a las armas mexicanas por reivindicar el irrefrenable anhelo de independencia aflorado desde 1810. Así, marcamos el doble hito de haberse posibilitado la independencia nacional definitiva y, con su acto heroico, abrieron los anales de la historia de la ya bicentenaria gloriosa Marina-Armada de México.  

Conquistar San Juan de Úlua —edificada entre 1535 y finales del siglo XVIII y entonces situada sobre una isleta— en 1825, terminaba el dominio español en México, cuyo contexto fue la disolución del Imperio español en la América continental a inicios del siglo XIX desencadenado la invasión napoleónica a España —1808-1814— arruinándola, facilitando la independencia de sus posesiones americanas. San Juan de Ulúa es uno de los “últimos bastiones” retenidos por la Corona española, compartiendo tal sitio con El Callao, en Perú, y Chilóe en la actual Chile, —ambas rendidas el 22 de enero 1826— abandonados de últimas tras de una resistencia sostenida, habiendo cesado ya la lucha armada independentista librada en cada caso citado con la consiguiente victoria de las armas americanas feneciendo el efectivo dominio español en toda América continental. 

En cuanto a Ulúa, la capitulación de las fuerzas españolas fue el 18 de noviembre de 1825, efectivo el día 23 siguiente al abandonar la plaza las autoridades peninsulares. 

La permanencia española en aquel baluarte de luenga historia era una amenaza permanente contra México, por la posibilidad real o ficticia de un intento de reconquista. Bloqueaba los suministros al puerto de Veracruz, resultando en afrenta pues, en efecto, su continuidad, ahora punto extranjero, contrariaba el ambiente independentista que resultando hostil e inacabando para liberar al suelo patrio al completo y sin ir a más tampoco, porque la propia España no articulaba un plan de reconquista real y posible para cambiar el estado de cosas —anquilosado— explicable por la tara del rey Fernando VII y por estar imposibilitada materialmente para emprenderla. La amenaza era real a medias.

España, para 1825, no había reconocido la independencia mexicana. Ni los Tratados de Córdoba, ni el Plan de Iguala —rechazados en España— mencionaban algo específico, ni remoto acerca de que aquella retuviera o no aquel bastión. Son invocarlos se facilitaba la retención española. España no se sentía obligada a soltarlo —al no reconocer acuerdo alguno ni la independencia—y México carecía de una marina armada para atraerlo. Por mucho que se planteara y entendiera que la independencia del Imperio Mexicano —en los términos expresados en 1821 al denominarlo así al nuevo país— y luego en la primera república federal incluyera tácitamente aquel sitio, España lo retuvo por razones estratégicas sin obligación de soltarlo y México, a su vez, tampoco se comprometió en forma alguna a renunciar a él. Estaban a espadazos parejos en las pretensiones. Encima, hasta 1836 se firmó el tratado de paz entre ambos países —Tratados Santa María-Calatrava, 28 diciembre de 1836—. 

Así, España retuvo San Juan de Ulúa en 1821, dirigiendo los cañones a Veracruz, utilizándolos de cuando en cuando. España retuvo Cuba y desde allí apertrechaba a Ulúa. Permaneciendo en Cuba, los españoles suponían que sería más fácil retornar a las excolonias, en caso de recuperarse. Así, había el interés de retener la plaza por parte del bando español con la, ya entonces peregrina idea, de una reconquista de la otrora Nueva España —ya sin aquella fortaleza todavía sucedió la intentona fracasada de 1829 con Barradas, por caso— y los mexicanos no contaban con fuerzas navales adecuadas para impedirlo entre 1821 y 1825.

La presencia española en Ulúa afectó a todos los involucrados, aunada a su capacidad de imponer un bloqueo a México que afectó de ida y vuelta a ambos países, imposibilitando el mercurio, toral en la minería mexicana, piedra angular de nuestro desarrollo. A su vez, Cuba fue muy afectada al interrumpirse el paso de plata mexicana sostenedora de su economía. El situado, nombre —colocación de ricos metales mexicanos en las Antillas españolas y en Centroamérica en el periodo virreinal sosteniendo su economía— menguó. 

El innegable caos que devino en el proceso independentista en Hispanoamérica una vez derrotada España abonó a retrasar la solución de la concreción de tal conquista de tan decisivo lugar, dejándolo pendiente, postergando su atención. Hasta 1825 pudo nuestro país articular una escuadra en condiciones para materializar los anhelos libertarios en la mar. Su arrojo selló su destino. Mientras tanto, el bloqueo incipiente a la fortaleza de Ulúa inició el 8 de octubre de 1823 como consecuencia de un nuevo bombardeo al puerto veracruzano desde aquella y se extendió por 2 años. Luego, algunas escaramuzas en la mar y aún con la dificultad de conseguir el triunfo, en enero de 1825 había sido nombrado gobernador de aquella entidad aún española, el militar cubano de origen hispano-irlandés José Coppinger, que conocía bien el Golfo de México —por sus estancias en Florida, Cuba, Texas—.  

¡Por fin! el presidente Guadalupe Victoria —ya contando con una incipiente flota—  se decidió a acometer la empresa de conquistar el enclave a inicios de 1825 emprendiendo acciones de guerra intermitentes templadas contra el bastión, en tanto sostuviese negociaciones estériles con la contraparte a partir de julio de 1825. En octubre de 1825 se presentó una flota española proveniente de Cuba dirigiéndose a la fortaleza. No se produjo enfrentamiento alguno por el clima adverso, no acercándose el contingente al baluarte al advertir barcos mexicanos ahora en mayor número, ya, retirándose, imposibilitado romper el bloqueo orquestado por los mexicanos. Hubo nuevos intentos mexicanos por alcanzar la fortaleza, encabezándolos el Capitán de Fragata Pedro Sainz de Baranda —participante de la batalla de Trafalgar, diputado en las Cortes de Cádiz—. Coppinger intentó una tregua con el oculto objetivo de ganar tiempo por si aquella flota española recién replegada regresara a San Juan de Ulúa y en tanto posponía un sitio mexicano a la guarnición, diezmada de escorbuto, enfermos por las condiciones precarias en que se hallaba se suyo aquel lugar. No sucedió tal retorno. Ante tales adversidades para su causa, la autoridad española del lugar optó por capitular, en definitiva, abriendo negociaciones. 

El 17 de noviembre de 1825 se sancionó el documento final de 14 artículos que sellaba la rendición española. Entró en vigor el día 18. Había sido eficaz la estrategia mexicana. El 21 de noviembre Coppinger se embarcó y zarpó hacia La Habana con su estado mayor y demás subordinados el 23 de noviembre. Había cesado el dominio español en México.