México se encuentra en una posición de vulnerabilidad: exporta más de 600 mil mdd y mantiene un superávit comercial cercano a los 200 mil mdd frente a Estados Unidos, todo producto del NAFTA y T-MEC.
En 1994, cuando se inició el NAFTA, exportábamos 50 mil mdd. Lo que no ha cambiado es la dependencia comercial con Estados Unidos. Seguimos dependiendo del mercado norteamericano en más del 80%, con muy poca diversificación de nuestras exportaciones.
Esto hace que México sea especialmente vulnerable ante Donald Trump, quien percibe que cualquier país que registre un superávit con Estados Unidos abusa y se aprovecha de su país.
Eso hará que la revisión de algunos artículos del T-MEC se convierta en una verdadera renegociación, en la cual Estados Unidos presionará a México para obtener ventajas a costa de nuestro país. Habrá que estar preparados.
Las autoridades aseguran que la revisión ya ha alcanzado el 95% de avance. Ojalá que así sea, y que en el 5% restante no aparezca alguna cláusula inaceptable. Pero de que habrá un T-MEC II, lo habrá. La razón es clara: decenas de miles de empresas norteamericanas dependen de manera crucial, para su competitividad, de la participación de las empresas mexicanas.
Las empresas son sabias respecto de lo que les conviene. Y ya está muy claro que la competitividad de Norteamérica es crucial para las empresas de Estados Unidos.
Es decir que habrá T-MEC en el futuro, lo que no sabemos es en qué condiciones. Sin duda, habrá presión para ampliar las reglas de origen. Sin duda, también habría que prepararse para presiones muy mexicanas como: precio de los vegetales, gusano barrenador, pesca, agricultura, tequila, cerveza, etc. Además de los aranceles que ya se anunciaron para todo el mundo ―acero, aluminio, autos, cobre, etc.―.
Hasta ahora, Trump ha respetado el acuerdo comercial en el sentido de no imponer aranceles a las fracciones amparadas por el tratado. Cabe recordar que, cuando el gravamen era de apenas 2.5%, muchos exportadores mexicanos optaban por evitar el trámite administrativo. Hoy, ante la posibilidad de aranceles de hasta 25%, un número creciente de empresas busca registrarse formalmente para acogerse a las disposiciones del acuerdo.
Hay dos razones por las cuales nunca habíamos tenido una situación tan comprometida: las decisiones del propio Gobierno mexicano y la otra se llama Donald Trump.
Vayamos por la primera razón. ¿Cómo explicarles a los agentes económicos que ahora elegimos a los jueces? ¿Cómo explicar que, hasta ahora, van 7-0 las decisiones de la Suprema Corte de Justicia? , siempre en favor del Gobierno. Que, pase lo que pase, y tenga la razón cualquiera de las partes, el Gobierno siempre se saldrá con la suya.
¡Eso espanta a la clientela! Si además agregamos la inminencia de la definición de los aranceles: ¿qué inversionista en su sano juicio pondría en riesgo su capital antes de saber qué condiciones aplican para el mismo?
Existen, ominosamente ―ya en vigor―, las modificaciones a la Ley de Amparo. De ser ejemplares para el mundo entero, dichas modificaciones nos han dejado literalmente desamparados.
Tenemos además los cambios a la Ley de Telecomunicaciones, llamada por los críticos la Ley Mordaza. Y peor aún, tenemos la propuesta de Ley Electoral, de la cual todavía no se conoce una versión definitiva. Sin embargo, con la información disponible hasta ahora, podría estarse configurando el cierre del último resquicio democrático en México.
El otro factor de distracción y, lamentablemente, con errática presencia en cuanto a la permanencia y naturaleza de sus decisiones, es Donald Trump.
En este momento, ya sea en el caso de Cuba, Venezuela , Irán, Medio Oriente, Ucrania o en los distintos focos de conflicto en África, se observa al líder del país más poderoso del mundo que prioriza, ante todo, los intereses norteamericanos y orienta sus decisiones a soluciones coherentes con ese principio.
Esa es la situación de México hoy. Insisto en que nunca habíamos estado tan presionados, ni tan vulnerables. Pero habrá que tirar para adelante.
La vida del país no termina con sus condiciones comerciales, pero hay que reconocer que el NAFTA y el T-MEC le cambiaron el destino económico a México.