Armas – Revista Militar

UN GOLPE QUE AFIRMA LA IDENTIDAD

Los acontecimientos del 22 de febrero del 2026, relativos a la embestida liderada por el Ejército Mexicano en contra del denominado Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las organizaciones criminales más lesivas y extendidas dentro del territorio nacional, si bien suponen para el Estado mexicano un nuevo capítulo en el panorama delictivo a combatir, lo que posibilitaría una severa reestructura de estrategias y acciones, representa ―y no en menor grado—un hito de afirmación institucional, que muestra la fortaleza del Ejército.

No hubo un simple viraje sobre la marcha, ni fue un hecho netamente azaroso. Como se ha manifestado en las numerosas coberturas y análisis en distintos medios de comunicación sobre las motivaciones e implicaciones, tanto sociales como políticas, la suma de inteligencia y coordinación operativa en distintos grados no fue una opción, sino una exigencia ineludible para las fuerzas federales.

Es evidente que en los últimos años las Fuerzas Armadas asumieron en conjunto una serie de mandatos que, por las dimensiones y  resultados obtenidos al momento, han alterado parte de su esencia ―ello no ha sido una limitación per se sino una multiplicación que paradójicamente genera vacíos―, propiciando tanto al interior como al exterior de los cuerpos castrenses todo tipo de cuestionamientos sobre cómo afrontar con eficacia los retos en tareas de seguridad ciudadana a nivel local o en aquellas que habían sido tradicionalmente exclusivas para civiles bajo premisas que son diferentes a la educación y preparación militares pero sin soslayar sus fundamentos intangibles como el honor, lealtad, disciplina o patriotismo, además de la atención a los derechos humanos

De manera paralela, los escenarios respecto a la seguridad nacional, los crecientes riesgos y amenazas o el inédito contexto global, amén de las directrices cambiantes sobre el tipo y alcance de misiones o la redistribución de competencias, como el surgimiento de la Guardia Nacional, habían colocado a las Fuerzas Armadas, en particular al Ejército, en una vorágine de ajustes y recambios en cuanto a la organización de mandos, tropas y recursos. Más que una readaptación, semejaba un asomo de transformación lenta ―incluso frustrante y dolorosa― que en diversas situaciones daba la impresión de carecer de coordenadas y directrices internas ante la posición del gobierno, al que están sujetos.

No hay que olvidar, que los desafíos siguen presentes, pero este golpe de identidad, urgente y absolutamente necesario, que unge una extraña mezcla de redención y reivindicación ―quizá recuperación―, fue un notable corte de caja sobre su capacidad de reacción, producto de un aprendizaje meticuloso en donde se han sumado a la gran ecuación de la seguridad nacional nuevos escenarios, estímulos, obligaciones y condiciones adversas sobre el terreno que se agravan y corrigen en tiempo real. Fue, en los hechos, una recolocación para plantarse mejor ante lo que está en el ahora, en el día a día, y lo que ha de venir en esta nueva era en el mundo. 

El camino es sinuoso, vale tener presente que al momento y de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) correspondientes al cuarto trimestre de 2025 sobre la percepción de la inseguridad pública:

“un 69.4% de las mujeres y 57.1% de los hombres manifestaron que era inseguro vivir en su ciudad: las ciudades con los mayores porcentajes de la población que percibió más inseguridad fueron Uruapan (88.7%), Culiacán Rosales (88.1%), Ciudad Obregón (88.0%), Ecatepec de Morelos (88.0%) e Irapuato (87.3%). Además, la sensación de inseguridad en los cajeros automáticos localizados en la vía pública alcanzó el 72.3% de la población y 64.9% en las calles (…) En diciembre de 2025, 63.8% de la población de 18 años y más, residente en 91 áreas urbanas de interés, consideró que era inseguro vivir en su ciudad. Lo anterior no representa un cambio estadísticamente significativo en relación con el porcentaje de septiembre de 2025 (63.0%), pero sí representa un cambio estadísticamente significativo en relación con el porcentaje que se registró en diciembre de 2024 (61.7%)”.

Todo lo que esto significa en términos sociológicos y culturales ―hábitos profundos de corrupción e impunidad― demanda profesionalismo, ética y persistencia. Esto es, que tampoco las Fuerzas Armadas deben apostar su capital institucional ―su deber y reputación― únicamente a ese tipo de precedentes extraordinarios, por muy significativos que sean. Constituyen en cambio un impulso que hay que aprovecharlo de manera holística dadas las circunstancias en el país, sobre todo si la misión ahora es evitar que el caos arrase con los últimos pilares institucionales de la República, sobre todo que al gobierno lo han señalado, sin demostrarlo, de complicidad con el narco y delincuencia.

Consideremos que la misma encuesta, arroja que “la percepción sobre el desempeño de las autoridades de seguridad pública y justicia entre la población de 18 años y más, por el tipo de autoridad que identifica según nivel de efectividad que considera sobre su trabajo”, en el rango de muy efectivo, sitúa a la Marina en un 47%, mientras que el Ejército alcanzó un 39.1%. En el rubro de corrupción, las instancias mejor calificadas también son la Marina y el Ejército, con un 19.5% y un 25.7%, respectivamente.

No hay que olvidar la lectura de El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, donde el solitario rey advierte: “La autoridad reposa, en primer término, sobre la razón. Si ordenas a tu pueblo que vaya a arrojarse al mar, hará una revolución”. Hoy en día, uno de los mayores activos es la confianza. De la misma forma, en política, en el terreno de la esfera pública, debemos ser cuidadosos con la figura del héroe―pero no así del heroísmo en sí― desprovisto de una nociva propiedad individual, sino como resultado de una acción colectiva sin otro propósito que no sea el bien común, momentos difíciles para decisiones patrióticas.

En los momentos más álgidos de la patria, no es menester la improvisación ni la banalidad de lo que compete a cada individuo o autoridad, menos aún el deslinde de la integridad o del compromiso. Bienvenidos los golpes de identidad ante la cerrazón, incertidumbre, lealtad y compromiso del Ejercito con el pueblo de México, es un valor indispensable e ineludible de patriotismo.

BIBLIOGRAFÍA:

-https://www.inegi.org.mx/app/saladeprensa/noticia/10556

https://www.inegi.org.mx/temas/percepciondes/

https://www.inegi.org.mx/programas/envipe/2011/#tabulados