Periodistas participaron en ejercicios de manejo de armamento, rescate de rehenes, seguridad carretera y evacuación aeromédica para conocer de primera mano el adiestramiento de la corporación
Por primera vez, los periodistas de la fuente de Fuerzas Armadas vivimos en carne propia el adiestramiento que realizan los agentes de la Guardia Nacional para cumplir tareas de seguridad pública en todo el territorio nacional, durante la primera edición del ejercicio Reporteros en Guardia, celebrada el 5 de junio, en el Centro de Mando de la Guardia Nacional.
Con el recuerdo de otras experiencias, reporteros, fotógrafos y camarógrafos de 20 medios de comunicación nos preguntábamos con qué clase de dolor regresaríamos de esta jornada. Entonces, a cada participante le fue entregado un chaleco de seguridad en el que teníamos que ir colocando un sector ―insignia bordada―, al concluir cada uno de los cuatro módulos que integraban el ejercicio.
―Dios, soy yo otra vez, me dije antes de dar el primer paso hacia la primera misión.
Decidir cuándo disparar, la primera lección de un Guardia Nacional
Para adentrarse en el papel de los elementos cuyo lema es: Justicia y Paz, fuimos llevados al Simulador de Tiro Virtual. En este espacio, rodeado por tres pantallas gigantes, se proyectaron dos escenarios: una llamada de denuncia por violencia doméstica y la amenaza de un grupo de tiradores en un bosque alejado.
En ambas situaciones, observamos con atención y tuvimos que determinar, cuál era el momento exacto para jalar el gatillo, y si de verdad era necesario. El responsable del módulo señaló que en esta instalación los gendarmes son sensibilizados sobre el uso de la fuerza y derechos humanos.
En el balance final se registró que, de 15 disparos realizados, solo un tiro se desvió del centro del blanco ―resulta que los fotógrafos tenemos buena puntería―.
La siguiente fase del ejercicio consistió en empuñar y adoptar las posiciones de tiro de cuatro armas institucionales: fusil FX-05 Xiuhcóatl, ametralladora M60E4, pistola SIG Sauer P320 y fusil Barrett calibre .50.
Una vez entendidos los mecanismos de abastecimiento, agarre y liberación del seguro, los gendarmes nos instruyeron en posiciones de tiro: postura de pie lateral, rodilla en tierra y tendido en movimiento; en esta última, debíamos rodar por el suelo simulando esquivar impactos de bala, al mismo tiempo que manteníamos el arma en posición de seguridad y, al detenernos, abrir fuego de inmediato contra el blanco. Un movimiento, muy al estilo de Bruce Willis en Duro de Matar.
Del periodismo a la operación táctica
Ya inmersos en nuestro papel policiaco, fuimos trasladados a una casa de seguridad, donde nos recibieron integrantes de la Fuerza Especial de Reacción e Intervención (FERI), cuyo comandante explicó, con paciencia y detalle, la forma correcta de colocarse y ajustar el equipo táctico: chaleco balístico, rodilleras, coderas, casco y fusil. Todo parecía sencillo hasta que…
― ¡Ahora tienen un minuto para ponerse todo el equipo!, dijo el comandante alzando la voz.
Como si se tratara de una oferta flash en un centro comercial, todos se abalanzaron sobre el equipo táctico. Sin embargo, el peso del chaleco y el enredo de las correas hicieron evidente que equiparse con rapidez no era tan sencillo como parecía. Acto seguido todos hacíamos diez lagartijas en castigo por nuestra falta de velocidad.
Tras aproximadamente otros diez minutos de intentos y castigos, los instructores explicaron el uso del ariete para derribar accesos, la forma correcta de emplear el escudo balístico y la detonación de una granada de humo. En una auténtica actitud de “que sea lo que Dios quiera”, la líder del equipo retiró el seguro de la granada de humo, segundos después, todos irrumpimos en el inmueble invadido por una densa nube de humo rojo que reducía la visibilidad y respiración prácticamente a cero.
En medio de aquel escenario había que localizar al presunto delincuente, asegurar al rehén y avanzar habitación por habitación.
—¡Guardia Nacional, al piso!, gritamos a los presuntos delincuentes mientras los sometíamos conforme al procedimiento, realizábamos una revisión preventiva y sujetábamos para conducirlos fuera del inmueble.
Aún con labios rotos, moretones e hipotensión, los reporteros culminamos la misión, dispuestos a correr otras dos vueltas al campo, por no cumplir las expectativas del comandante.
Cuando una alerta digital activa toda una operación
Apenas recuperábamos el aliento cuando ya nos encontrábamos en el Centro de Mando y Control Balam. Ahí abordamos patrullas Dodge Charger portando casco y chaleco balístico y emprendimos un recorrido a toda velocidad, experimentando las condiciones en las que estos elementos realizan sus labores de vigilancia y reacción.
Al descender de las unidades, ingresamos al área de monitoreo carretero, donde opera la aplicación GN Carreteras. Ahí nos convertimos por unos minutos en teleoperadores del sistema, encargados de atender llamadas de auxilio y coordinar la respuesta ante reportes de robo y otras emergencias.
La incidencia llegó a través de la aplicación “X” mediante una solicitud de apoyo. Tras verificar el reporte, establecimos comunicación con la persona afectada a través de WhatsApp y vía telefónica para recabar información como: placas, modelo del vehículo robado y ubicación exacta. Una vez corroborados los datos, identificamos las patrullas más cercanas a la ubicación del siniestro. Acto seguido, nos comunicamos con los agentes para transmitirles los detalles del reporte y coordinar su intervención, mientras manteníamos el contacto con la víctima para darle seguimiento al caso.
Aunque a simple vista la labor parece sencilla, exige actuar con rapidez, precisión y cabeza fría. De la calidad de la información y coordinación depende la posibilidad de brindar auxilio efectivo a las víctimas de un delito.
El reto de reconstruir los hechos
Posteriormente fuimos trasladados a un escenario exterior, para brindar atención a un accidente vehicular. Los instructores nos explicaron los procedimientos básicos de señalamiento y seguridad perimetral mediante el uso de conos, así como las técnicas de marcaje de indicios y análisis de las huellas dejadas en la vía para determinar las posibles causas del percance.
A partir de la interpretación de estos elementos, se estableció una hipótesis preliminar: un vehículo había atropellado a un peatón; el conductor intentó frenar para evitar el impacto, pero no logró detenerse a tiempo. Tras el atropellamiento, continuó su marcha, perdió el control y terminó impactándose metros más adelante contra otro vehículo.
Mientras el personal especializado realizaba las labores de investigación y fijación de indicios, otros elementos brindaban atención prehospitalaria tanto a la persona atropellada como al conductor involucrado.
—Esto de ser policía me está gustando, me dije mientras avanzábamos hacia la siguiente estación.
La prioridad: extraer al herido antes de que sea demasiado tarde
Mientras admiraba cómo mi chaleco comenzaba a llenarse de sectores, fuimos trasladados a una zona de hangares para realizar un ejercicio de evacuación aeromédica mediante un patrón de vuelo donde personal de Sanidad nos presentó a un supuesto lesionado con una fractura en la pierna.
Siguiendo las indicaciones de los instructores, colocamos una férula para inmovilizar la extremidad lesionada, empaquetamos al herido, aseguramos en una camilla y trasladamos hasta un helicóptero MI-17, acondicionado para evacuaciones aeromédicas.
En vuelo, la situación se complicó. El paciente simuló entrar en paro cardiorrespiratorio por lo que se fue necesario realizar maniobras de reanimación. El ejercicio permitió entender la lógica de una evacuación en zona caliente. En estos casos, la prioridad no es atender por completo al lesionado en el lugar del incidente, sino retirarlo del área de riesgo en el menor tiempo posible.
Agilidad mental, condición física y trabajo en equipo: las bases de la respuesta operativa
Después de casi ocho horas de adrenalina, ejercicios físicos y una exhibición a cargo de las selecciones de taekwondo y boxeo de la Guardia Nacional, los comunicadores especializados en la fuente de Fuerzas Armadas completamos una experiencia más dentro de este singular ámbito del periodismo―y un chaleco con las pruebas de nuestro sufrimiento―.
Para Jaime Romero Defín, reportero de Aeronáutica MX, la jornada permitió comprender con mayor profundidad la disciplina que exige cada una de las actividades que realizan los integrantes de la Guardia Nacional.
“Te das cuenta de que esto no se trata únicamente de un ejercicio físico, sino también de adrenalina y agilidad mental. En una emergencia, como ciudadanos solo vemos llegar a las patrullas, pero detrás, existe todo un proceso: desde el operador que recibe la llamada y coordina la respuesta, hasta los elementos que aseguran el perímetro y atienden a las personas lesionadas.
Todo requiere rapidez, destreza y una gran capacidad de reacción. Creo que es algo que debemos reconocer en quienes realizan esta labor, porque se esfuerzan todos los días para mantener las condiciones físicas y mentales necesarias para velar por el bienestar de los demás. Eso también implica un sacrificio personal que muchas veces no vemos.”