Armas – Revista Militar

Un General de Leyenda: General de División E.M. Palmerín Cordero

Pionero de la Green Beret y autor del Himno de los Paracaidistas

El 21 de junio de 2026 se apagó la voz de uno de los militares más emblemáticos de su generación, pero su legado permanece vivo en las páginas de la historia castrense mexicana. El General de División E.M. Delfino Mario Palmerín Cordero dejó una huella profunda en el Ejército Mexicano, donde su nombre se convirtió en sinónimo de disciplina, liderazgo y excelencia profesional.

Reconocido por generaciones de soldados como “La Leyenda”, destacó por una trayectoria excepcional que lo llevó desde las aulas del Heroico Colegio Militar hasta los más altos cargos de responsabilidad dentro de la Secretaría de la Defensa Nacional, con motivo de su sensible fallecimiento reproducimos una entrevista publicada en la Edición 520 de la Revista Militar Armas.

Exitosa carrera de las armas

El General Palmerín fue de los primeros militares mexicanos en adquirir la Green Beret o Boina Verde en Fort Bragg, en Carolina del Norte, Estados Unidos, donde además fue instructor de Español en la Academia Militar de West Point, entre muchos logros más. sin embargo los cargos ocupados que más lo llenaron de orgullo fueron los de Comandante del Cuerpo de Cadetes del Heroico Colegio Militar y de la Brigada de Fusileros Paracaidistas, donde hizo verdaderas aportaciones que hasta el día de hoy siguen vigentes en ese cuerpo especial.

También fue Director de la Escuela Militar de las Armas y los Servicios en Puebla, Comandante de la 8/a. Zona Militar en Tampico, Tamaulipas, Comandante de la 25/a. Zona Militar en Puebla, Comandante de la VIII Región Militar en Ixtepec, Oaxaca, Comandante del Primer Cuerpo de Ejército, Subsecretario de la Defensa Nacional y Agregado Militar en la Embajada de México en Londres, Reino Unido, Gran Bretaña y República de Irlanda del Norte, cargo en el que pasó a la honrosa situación de retiro en febrero de 2004, luego de 49 años y un mes de servicio.

Génesis de una vida exitosa

El General Palmerín Cordero es oriundo de Monterrey, Nuevo León. A muy corta edad su familia lo llevó a radicar a Hidalgo del Parral Chihuahua, donde tuvo una influencia muy fuerte por parte de su padre, quien fue Capitán de Caballería:

“Mi padre, Delfino Palmerín Megía, fue un exitoso militar egresado del Heroico Colegio Militar. Desde que yo era un niño me motivaba para que fuera Cadete del mismo plantel, y fue así que hasta que tuve la edad y llegó la convocatoria, llené la solicitud para ingresar y al pasar de los días y semanas, llegó la respuesta y fui aceptado para realizar los exámenes de admisión, por lo que me trasladé a la Ciudad de México y fui aceptado como cadete del Heroico Colegio Militar, donde ingresé el 1 de enero de 1955. Pero definitivamente fue mi padre esa influencia por la que yo tomé ese camino, que me resultó muy pesado por la rudeza del trato, porque estamos hablando de otros tiempos”.

Un doloroso momento en su vida familiar lo impulsó a esforzarse más para salir adelante:

“En el primer año de mi estancia en el Heroico Colegio Militar falleció mi padre y para reponerme hice mi mejor esfuerzo al grado que salí en cuadro de honor durante tres meses consecutivos y durante los tres años en los que permanecí al plantel.

Ahí me designaron al Arma de Infantería, aunque yo quería ser de Caballería como mi padre, hasta que me gradué y me asignaron al Cuerpo de Guardias Presidenciales por ser uno de los tres primeros lugares, de ahí fui a la Escuela Superior de Guerra para realizar el Curso de Mando y Estado Mayor, donde fui el primer lugar de mi promoción, hasta que pasado el tiempo también tuve la fortuna de estudiar en el Colegio de Defensa Nacional, siempre con magníficos resultados”.

Leales entre los leales

El General Palmerín Cordero atribuyó a su desempeño académico gran parte de los logros que alcanzó en su trayectoria, pues fue precisamente esa disciplina la que lo proyectó hacia el ámbito del paracaidismo.

“Ocupaba primeros lugares sin buscarlos, y como consecuencia de ello, una de las mejores cosas que me sucedieron en mi carrera militar es que fui elegido, en la Administración del General García Barragán, para hacer un curso básico de paracaidismo en Estados Unidos. De 750 aspirantes a paracaidistas, terminé en los cinco primeros lugares, por lo que tuve el privilegio de que el Director de la Escuela de Paracaidismo me impusiera las alas en Fort Benning.

Posteriormente realicé el curso de Fuerzas Especiales en Fort Bragg, Estados Unidos, con conocimientos incluso de técnicas de demolición, con ello fui de los primeros Boinas Verdes en México y regresando me incorporé al paracaidismo como Capitán en 1969 y ya como mayor tuve el mando del Primer Batallón de Paracaidistas y de ahí me fui a West Point como profesor”.

Pero pasado el tiempo, regresó a su alma mater:

“Fui tres años, dos meses, quince días Comandante del Cuerpo de Cadetes del Heroico Colegio Militar, tiempo que tengo grabado a fuego en el corazón y en la mente, porque fue un tiempo de mucha satisfacción”.

Años más tarde, el destino le tendría deparada una gran sorpresa, regresar al paracaidismo:

“En 1983, regresé a la Brigada de Paracaidistas como comandante interino, con el grado de Coronel, y al alcanzar la jerarquía de General fui designado como Comandante por el General Arévalo Gardoqui, quien en ese entonces era el Secretario de la Defensa Nacional, cargo en el que permanecí seis años”.

Posteriormente, fue nombrado el Paracaidista Internacional del Año, por parte de la Organización Internacional de Paracaidistas.

Su compañera de vida también marcó un hito en la historia del paracaidismo en México:

“Tengo el orgullo de tener a la primer y única esposa de un Comandante de la Brigada de Paracaidistas, que realizó el curso de paracaidismo, con autorización del Alto Mando, curso que completó con todas las normas para calificación y que posteriormente la llevaría a acumular 65 saltos, por lo que se hizo acreedora a sus alas de plata con estrella y laureles”.

Tras superar diversos incidentes durante su carrera como paracaidista, algunos de ellos con consecuencias que pusieron en riesgo su vida, el General Palmerín Cordero se recuperó y continuó una trayectoria marcada por el valor, perseverancia y éxito. Su vocación lo llevó una y otra vez del cielo a la misión, consolidándose como una figura emblemática dentro de la Brigada de Fusileros Paracaidistas. En esta unidad de élite dejó una huella perdurable: fue autor del Himno de los Paracaidistas, diseñador de su escudo distintivo y promotor de la adopción de la Boina Roja, símbolo de identidad y orgullo que permanece vigente hasta nuestros días.

Sin duda el General de División E.M. Delfino Mario Palmerín Cordero fue un personaje destacado del mundo del paracaidismo militar, durante toda su carrera castrense se destacó por su fibra, por lo que ocupó los más importantes cargos en el Ejército Mexicano.

Asociación Nacional del Heroico Colegio Militar

Tras concluir su servicio activo, el General Palmerín Cordero continuó aportando su experiencia y liderazgo, sirvió como Presidente de la Asociación Nacional del Heroico Colegio Militar. Entre sus principales contribuciones destacan la modernización del Código Estatutario que norma las actividades de la institución y las gestiones que permitieron otorgarle el carácter de Asociación Nacional, fortaleciendo su relevancia y alcance entre las agrupaciones de egresados del plantel militar más emblemático de México.

 

¡Descanse en Paz!
General de División E.M. Palmerín Cordero (1939-2026)
¡Del cielo a la misión!