No todos los miedos gritan, algunos se sientan a tu lado, hablan con voz suave y te convencen de que esperar es lo mejor, lo hacen tan discretamente que puedes vivir años sin notar que no es tu capacidad de prudencia la que decide, sino tu miedo.
No todos los miedos gritan, algunos se sientan a tu lado, hablan con voz suave y te convencen de que esperar es lo mejor, lo hacen tan discretamente que puedes vivir años sin notar que no es tu capacidad de prudencia la que decide, sino tu miedo.
No todos los enemigos se presentan con rostro, uniforme o bandera. Algunos operan desde dentro, camuflados entre pensamientos cotidianos, rutinas aparentemente inofensivas y decisiones postergadas.