MÉXICO: UNA CUESTIÓN DE HONOR

Se entiende por soldado o marino a toda persona que forma parte de las Fuerzas Armadas, sin importar el grado de la escala jerárquica que haya alcanzado, desde Soldado hasta General ―Ejército Mexicano ―o Marino hasta Almirante ―Marina-Armada―,  todos comparten el común denominador de ser soldados o marinos, según la Fuerza Armada a la que pertenezcan. Sin embargo, ¿qué es lo que hace a un soldado o marino?

La pregunta tiene muchas consideraciones y hay que recordar lo que consigna, por ejemplo: la tradición épica desde Homero, documenta que el soldado recibe de la comunidad el poder de la fuerza y lo devuelve en forma de deber, arrojo y voluntad.  Lo paga con riesgo y reconocimiento, lo sostienen la disciplina y espíritu —la convicción, la vocación— y lo ordena el honor. 

Pero la literatura de la guerra también exhibe el contrapunto, muestra al soldado frente al miedo y violencia. Revela que el honor puede llegar a ser una retórica que embellece una obediencia sin sentido.

¿Cómo salvar ese contrapunto? El soldado lo salva cuando su honor deja de ser una pretensión y se vuelve una prueba cotidiana, cuando lo demuestra en sus hábitos, al someterse a la ley, control civil o verificación pública.  Cuando antepone la legalidad a la obediencia ciega y acepta que se sancione al que falla. Solo entonces el honor se traduce en honorabilidad.

El honor es el principio y la convicción interna, el sentido del deber y de la rectitud que orienta la conducta aun cuando nadie vigila. La honorabilidad es su manifestación verificable, la cualidad de quien sostiene un proceder acorde con esas convicciones y amerita, por ello, el reconocimiento social. El honor es la fuente; la honorabilidad, su resultado y su prueba pública. Ambas se alimentan mutuamente, sin honor la honorabilidad se reduce a apariencia, y sin honorabilidad, el honor no se traduce en confianza.

Este binomio no es un accesorio, sino el eje de la disciplina militar,  un valor esencial que sostiene lo que las armas por sí solas no pueden garantizar: la legitimidad. Tiene sustento jurídico en la Ley de Disciplina del Ejército, Fuerza Aérea, Guardia Nacional y Armada, que sitúa el honor en el mismo rango que los bienes que el militar debe anteponer a su interés personal —la Constitución, soberanía y lealtad a las instituciones—, establece que la disciplina se funda en la obediencia, así como en un alto concepto del honor, de justicia y moral. De manera similar lo estipula la Ley de Disciplina para el Personal de la Armada de México, que orienta la conducta naval bajo los principios de obediencia, justicia, ética, tanto alto sentido del honor como vinculación del cumplimiento del deber con el prestigio de la institución.

El honor cumple así una función disciplinaria y ética a la vez: da sentido a la responsabilidad y orienta hacia el deber, no hacia el beneficio propio. La honorabilidad de una sola persona recae sobre toda la institución. En esa lógica, el heroísmo se construye día a día, no depende de actos extraordinarios, intencionales o fortuitos, ni de un discurso o una ideología, sino del respeto íntegro al código de honor elemental de todo soldado o marino y de toda autoridad militar.

Las Fuerzas Armadas ejercen un poder excepcional, con recursos y facultades que la sociedad les confía para defender, primordialmente, la soberanía y preservar el marco institucional. Ese cometido exige rectitud, veracidad así como lealtad. La honorabilidad debe materializarse y garantizarse no solo mediante los criterios y valoraciones de conducta de los organismos disciplinarios y jurisdiccionales, sino también desde el proceso formativo del personal militar y, evidentemente, durante el desempeño de cada uno de sus integrantes.

LEALTAD MILITAR Y CONTROL CIVIL, PILARES DE LA DEMOCRACIA

El reconocido analista Roderic Ai Camp —autor de un amplio estudio titulado Las fuerzas armadas en el México democrático, publicado en español en 2010— señala que, entre 1946 y 2000, la lealtad de las Fuerzas Armadas se dirigió de hecho al régimen político — figura presidencial y su partido—, y que desde la primera alternancia pasó a dirigirse a las instituciones políticas del país, no a organizaciones o liderazgos personalistas. Ello implicó entender a los presidentes como comandantes supremos —titulares del Poder Ejecutivo federal— y no como jefes de un partido hegemónico.

El éxito de ese esquema proviene de dos aspectos fundamentales. Por un lado, de la capacidad del modelo democrático para sostener la división real de poderes, resolver los problemas del país mediante un Estado de derecho y mantener el respaldo ciudadano al desempeño de autoridades y representantes; por otro, de la conducta militar, es decir, del honor y honorabilidad. Una democracia tanto formal como representativa necesita instituciones creíbles, respetables, estables y reglas claras, pero también Fuerzas Armadas republicanas, sometidas a la Constitución y no a personas, proyectos o coyunturas políticas.

A mayor número de misiones, aumenta la exigencia de honorabilidad verificable y de supervisión externa, pues se incrementa el riesgo de que el honor se invoque como retórica de superioridad en lugar de conducta demostrable. Debe entenderse que el honor y la honorabilidad no sustituyen al control civil. La fiscalización, justicia, rendición de cuentas, así como un código de honor corporativo ―por sí solo―, no controla a la institución que lo invoca. Una legitimidad fundada solo en la capacidad militar, mina la calidad democrática de un país y menoscaba tareas vitales como la seguridad ciudadana.

Las mediciones respaldan esta necesidad. La Encuesta Nacional de Confianza en la Administración Pública (ENCOAP) 2025, del INEGI, ubica a las Fuerzas Armadas como la institución más confiable, con 75.9% de confianza alta o moderadamente alta entre la población urbana de 18 años y más. El Latinobarómetro muestra una tendencia ascendente, de 49% en 2020 a 58% en 2023, y la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) ubicó en 79.7% la percepción de efectividad del Ejército en diciembre de 2025. Estos datos miden confianza y percepción, no honorabilidad en sentido estricto, pero indican un capital de credibilidad valioso, que sin embargo es reversible. Mantenerlo exige que el honor se traduzca en conducta verificable ―honorabilidad―, para que la confianza y la paz ciudadanas no sean una concesión circunstancial.

Tanto en el plano normativo como en el operativo, es posible contar con mejores instituciones de seguridad y justicia, porque existen militares, marinos, policías y jueces honestos, dignos, honorables y convencidos de cumplir consigo mismos y con la sociedad, porque el marco jurídico permite acotar, así como sancionar excesos, privilegios mal habidos y conductas ilegales o carentes de ética.

En una sociedad agobiada por la corrupción e inseguridad, sancionar oportunamente al que delinque, corrompe o deshonra permite proteger y reconocer al que cumple y dar certeza a la ciudadanía: esa práctica es el cambio cultural que México necesita con urgencia para contrarrestar el miedo y la desconfianza.

El poder también es una cuestión de honor. Va de por medio México.

BIBLIOGRAFÍA: 

-Ley de Disciplina del Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional (arts. 1 Bis, 3, 24, 24 Bis, 24 Quater; el Capítulo IV relativo al Consejo de Honor, arts. 34 y 36). 

-Ley de Disciplina para el Personal de la Armada de México (arts. 2, 28, 37; el Capítulo VI, relativo a Organismos Disciplinarios)

-Roderic Ai Camp. Las fuerzas armadas en el México democrático, Siglo XXI Editores, México, 2010. Pp. 536-545

-Huntington, Samuel P. El soldado y el Estado (1957).

-INEGI (2026). Encuesta Nacional de Confianza en la Administración Pública (ENCOAP) 2025. Comunicado de prensa 19/26, 16 de abril de 2026. Comunicado y reporte de resultados.

-INEGI (2026). Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), cuarto trimestre de 2025. Comunicado de prensa 4/26, 23 de enero de 2026. Comunicado.

-Corporación Latinobarómetro (2023). Informe 2023: La recesión democrática de América Latina. Santiago de Chile, 21 de julio de 2023. Informe (PDF). Datos en línea: www.latinobarometro.org. Cifras de confianza en las Fuerzas Armadas reportadas en El Financiero (2023) y El Financiero (2021).