Donald Trump ha defendido la imposición de aranceles a las importaciones desde hace tiempo. Sobre todo, como un instrumento para la obtención de concesiones comerciales o de otro tipo. Una de sus mayores frustraciones —al inicio de su primer mandato en la Casa Blanca— fue reconocer que el hombre más poderoso del mundo no contaba con las facultades para la imposición de aranceles debido a las restricciones en la Constitución y leyes domésticas, así como los compromisos internacionales de Estados Unidos.
En su segundo mandato, su política comercial ha sido mucho más agresiva al no tener contrapesos en su propio gabinete. Su instrumento preferido ha sido la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) que nunca había sido empleada para fijar aranceles.
Aranceles como instrumento de extorsión
Trump ha utilizado reiteradamente las amenazas comerciales como palanca de negociación: el fentanilo frente a Canadá, China y México; aranceles recíprocos aplicables a la mayoría de los países, por el proceso electoral en Brasil; a Groenlandia por el vino y champaña, entre otras. El abanico de estas amenazas deja en claro que el objetivo de imponer aranceles es, con frecuencia, ajeno a consideraciones estrictamente económicas.
Por razones claras, la exención a los bienes originarios incentivó el cumplimiento con las reglas de origen y en poco tiempo se escaló de un nivel de 50% a uno superior al 80%.
Aranceles como política comercial
El presidente Trump concibe los aranceles como política comercial-industrial y no sólo como herramienta de extorsión. Desde su punto de vista, mayormente equivocado, Estados Unidos se ha desindustrializado por el alto valor del dólar al ser moneda de reserva y por las tasas arancelarias de nación más favorecida más bajas que la mayoría de los otros países y sin espacio para subirlas al estar consolidadas en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Así, una de sus prioridades ha sido incrementar los aranceles promedio que cobra Estados Unidos con el objetivo de reindustrialización.
La Suprema Corte de Estados Unidos debe emitir sentencia sobre la legalidad de la IEEPA para la imposición de aranceles en los próximos días. Aún si la Corte establece que la Casa Blanca no puede utilizar IEEPA para imponer aranceles, el gobierno del presidente Trump buscará usar las secciones 301 —violaciones a compromisos internacionales—, 338 —discriminación contra Estados Unidos—, o 232 —seguridad nacional sectorial— para elevar los aranceles promedio. En estas secciones de las leyes comerciales de Estados Unidos, el Congreso sí ha delegado autoridad limitada para aranceles al Ejecutivo y debe esperarse sean usadas si Trump pierde el caso IEEPA.
La importancia para México reside en que el mayor nivel de protección incrementa el valor de preferencia del T-MEC, en la medida en que se cumpla con la regla de origen. La clave, entonces, consiste en que los bienes originarios queden exentos si se imponen aranceles bajo cualquiera de estas secciones.
La prioridad del Gobierno mexicano ha sido que éste sea el caso: que la excepción obtenida en IEEPA para los originarios se extienda a los bienes bajo 232 y que se inocule a los originarios para futuras medidas bajo ésta y otras secciones de las leyes comerciales de Estados Unidos.
Revisión T-MEC 2026
Para México y Canadá conseguir la exención arancelaria para los bienes originarios es tan o más importante que el proceso de revisión. En este sentido, el caso más probable es que se llegue a julio sin un acuerdo y, como estipulan el T-MEC y la ley de Estados Unidos, el tratado siga en vigor, pero se vuelva a llevar a cabo una revisión en 2027 y luego, de no llegarse a un acuerdo, otra en 2028 y así hasta 2036 cuando, sin acuerdo, expiraría el tratado. Trump tiene un claro incentivo para que la incertidumbre se prolongue.
Los otros dos escenarios posibles —el riesgoso de una revisión más amplia y profunda del T-MEC, que incluso podría desembocar en acuerdos bilaterales, y el favorable de una revisión exitosa con exención arancelaria bajo las secciones antes descritas— resultan menos probables. La opción de una revisión mayor o de bilateralidad es la menos factible, pues exige una mayoría en la Cámara de Representantes y sesenta votos en el Senado de Estados Unidos, umbrales particularmente difíciles de alcanzar.
Uno de los asuntos que sobrevolará la agenda es la discusión sobre la asequibilidad, que ha cobrado relevancia en el proceso electoral de este año en Estados Unidos. En la medida en que se convierta en un tema cotidiano, aumentará el incentivo para reducir barreras comerciales y, con ello, también las posibilidades de un entendimiento con México y Canadá.
Dado el nivel de integración, un proceso de reindustrialización regional al diversificarse con respecto a Asia implica un proceso de industrialización profunda en México si el país sabe aprovechar la oportunidad.
El gobierno y empresas mexicanas tienen ahora la oportunidad de promover una profunda integración vertical que incremente el valor agregado doméstico por unidad producida y exportada que, contribuya al cumplimiento con las reglas de origen.
Otros tratados
La ventaja fundamental de México radica en ser el único gran país emergente capaz de sostener, de manera simultánea, relaciones y acuerdos comerciales ambiciosos con América del Norte, América Latina, así como con Europa y Asia. Además, la coexistencia de tratados comerciales con estas regiones incrementa el valor de cada uno de ellos para México, ya que el denominador común para cumplir con las distintas reglas de origen es el contenido mexicano.
Es muy importante avanzar el proceso de firma y aprobación de la actualización del tratado comercial con la Unión Europea, reestablecer el proceso de la Alianza Pacífico en América Latina y buscar alianzas tecnológicas con Japón, Taiwán y Corea del Sur.
Se debe también delinear el futuro del comercio internacional y sus instituciones para el largo plazo. Como país en desarrollo, su pertenencia a la Organisation for Economic Co-operation and Development, (OECD) y red transoceánica de tratados de comercio. México se encuentra en una posición para promover la necesaria y renovada configuración de la OMC y elaborar una propuesta para el futuro sistema de comercio internacional.
Inversión
Con independencia de los esfuerzos de México en el ámbito internacional, la clave para construir una posición negociadora más sólida, prepararse para la corrección inevitable en los principales mercados del mundo, asegurar finanzas públicas sostenibles y contar con una economía competitiva e incluyente reside en un aumento significativo de la inversión productiva. Sin ella, no habrá crecimiento ni bienestar. Dadas las severas restricciones presupuestarias del Gobierno y la debilidad estructural de Pemex, la mayor parte de dicha inversión deberá provenir del sector privado.
La paradoja es que tanto las condiciones internas como las internacionales —incluido el fuerte incentivo a la integración vertical en América del Norte y el cumplimiento de las reglas de origen— son propicias para alcanzar los niveles de inversión a los que aspira el Plan México. Estos pueden lograrse incluso en ausencia de un acuerdo con Estados Unidos: el desenlace dependerá, en última instancia, de lo que se haga en casa.