Miguel Carrillo Ayala, nació el 6 de julio de 1908 en Agostitlán, Michoacán en una familia humilde, sus padres fueron Avelino Carrillo Aguilar y Felicitas Ayala Malagón. Desde niño mostró grandes habilidades para la mecánica, tenía la visión de inventor y constructor nato. A la edad de siete años, reconstruyó una bicicleta, luego una motocicleta y algunos modelos a escala de aviones de madera. Sus amigos, sorprendidos por su carácter soñador, lo apodaron “Pinocho”.
Para Miguel, era importante aprender todo lo relacionado a la mecánica, por lo que desde temprana edad acudió a la terminal de autobuses para ayudar a los choferes en distintas tareas y así ampliar sus conocimientos en mecánica automotriz. En 1932 se trasladó a la Ciudad de México con la intención de aprender más de aviones y con suerte aprender a volar.
Finalmente logró formar parte de los Talleres Nacionales de Construcciones Aeronáuticas. Después casi un año en la Ciudad de México regresó a Zitácuaro, habiendo aprendido mecánica de aviación; sin tener la misma suerte en lo que respecta a volar, ya que, en ese tiempo, la carrera estaba reservada solo para los hijos de familias económicamente privilegiadas, familiares de políticos y funcionarios de gobierno.
Sin embargo, era tanta su ilusión de volar que, con perseverancia, consiguió que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes le otorgara un permiso para realizar prácticas de vuelo.
Construcción del avión “Pinocho”
En 1933, con 25 años de edad, Miguel Carrillo —considerado como pionero del aeromodelismo en México— inició el proceso de construcción de su propio avión, lo que era su prioridad y máximo sueño. Empezó con la investigación de materiales, equipos y otros elementos necesarios para la fabricación del aeroplano, se dedicó a planificar, revisar, así como traducir especificaciones y dimensiones de los planos que tenía. Los que obtuvo de la revista Popular Mechanics que correspondía al modelo de avión Pietenpol Air Camper, diseñado por un norteamericano.
Para el financiamiento de su proyecto, Miguel pidió dinero prestado a sus amigos, vendió su casa y parte del dinero lo utilizó para comprar madera. La cual mantuvo sumergida en un rio durante seis meses, con la finalidad de desflemarla, curarla, y posteriormente tratarla contra las termitas y otras plagas. A la par con la ayuda del mecánico José Zepeda se dio a la tarea de buscar un motor de carro para ese propósito, consiguiendo un Ford modelo A-1930 al cual le hicieron varias modificaciones. También se apoyó de su novia y tía para coser el forro de las alas, fuselaje y alerones con tela manta de indio. Una vez terminado el forrado procedió a pintar el fuselaje con dulok —pegamento transparente—, lo que le daba a la aeronave dureza y resistencia.
Con apoyo económico de Héctor Tregoni “el Conde”, Miguel fue a la Ciudad de México donde mandó a fabricar la hélice de su avión, en los talleres Anáhuac de acuerdo con el diseño y especificaciones que requería. Debido a que la hélice que había labrado el maestro Armando Manjarréz era muy pesada.
Después de casi dos años, Miguel vio concluido su sueño. La construcción del avión “Pinocho” en honor al sobrenombre que lo acompañaba desde joven, supuestamente porque lo consideraban un mentiroso, no porque lo fuera, sino porque no le creían cuando decía que construiría su propio avión y volaría personalmente.
A pesar de ello, el “Pinocho” se construyó con dos defectos técnicos: el radiador fue puesto en un lugar que quitaba visibilidad al piloto. Por otro lado, el tren de aterrizaje era angosto y carecía de buena estabilidad, lo que dificultaba su manejo y control.
Prácticas y primer vuelo del Pinocho
Antes de iniciar su vuelo final, Miguel se dedicó a realizar pruebas al avión, maniobrándolo y rodándolo sin despegar, en las cuales se percató de que el tren de aterrizaje era demasiado duro y no era recomendable volar y aterrizar, tras lo que se dio a la tarea de realizar cambios y correcciones al sistema del tren de aterrizaje.
Con sus conocimientos autodidactas, más lo que pudo aprender en su estancia en México, logró controlar el avión en tierra totalmente, así como lograr algunos despegues y aterrizajes. Más tarde, tomó la decisión de trasladar su avión vía tren a la ciudad de Morelia, en donde se encontraba una base aérea militar, solicitándole apoyo al comandante de la base para que le diera unas horas de práctica de vuelo. Por lo que a mediados de febrero de 1936 regresó volando su propio avión a Zitácuaro. Durante el aterrizaje unas personas obstruyeron la pista, por lo que Miguel tuvo que desviar su avión hacia la milpa, lo que causó el rompimiento de la rueda y parte del ala del avión.
El Vuelo final de Miguel Carrillo Ayala, en su avión “Pinocho”
Después de tres meses de reparaciones el avión quedó en óptimas condiciones. Nuevamente con escasos conocimientos de aeronáutica, sin mapas, ni instrumentos de navegación, Miguel trazó una nueva ruta de vuelo. El 14 de mayo de 1936, voló de Zitácuaro a la Ciudad de México, realizando una escala en Villa del Carbón, Estado de Mexico; en esta ocasión la intensa neblina le obstruyó la visibilidad y la falta de instrumentos le hicieron perder el rumbo correcto. Sin embargo, aterrizó alrededor de las 10:00 h en el aeropuerto de Balbuena. Este hecho fue reconocido como el primer vuelo de un avión civil construido en México con materiales nacionales y piloteado por su propio creador.
El departamento de aeronáutica civil distinguió el mérito de Miguel y solicitó a las autoridades correspondientes que, se le otorgara la medalla “Emiliano Carranza”―máxima condecoración en el ámbito de la aviación―, por su gran labor dentro de la aviación en México.
Dos días después, como premio a su gran hazaña por orden del presidente Lázaro Cárdenas causó alta como como Subteniente Auxiliar de Caballería en el Departamento de Aeronáutica, comisionado en la Escuela Militar de Aviación.
Al termino de sus estudios el 10 de marzo de 1938, Miguel presentó la tesis titulada “La aviación militar en México. Entrenamiento del personal y producción y conservación del material”, con la que se graduó como Teniente Piloto Aviador.
El 19 de mayo de 1939, Miguel participó en la pacificación del estado de San Luis Potosí durante la rebelión cedillista. Esto le sirvió para que fuera ascendido a Capitán 2/o. Piloto Aviador, por méritos obtenidos en campaña.
El 2 de mayo de 1942, por órdenes del Secretario de la Defensa Nacional, Miguel fue enviado a La Paz, Baja California para integrar el Escuadrón Aéreo 203, el cual tenía como finalidad patrullar las costas mexicanas y salvaguardar la soberanía nacional ante cualquier ataque del exterior.
El 3 de abril de 1958, el Secretario de la Defensa Nacional, General de División Matias Ramos Santos, le expidió la patente de Capitán 1/o. Piloto Aviador por haber cumplido con los requisitos de la promoción general.
Después de su retiro de la Fuerza Aérea, la salud de Miguel se vio afectada por cáncer hasta que falleció el 16 de junio de 1965, a los 57 años de edad, dejando un legado como pionero de la aviación civil en nuestro país.
Actualmente, la versión original del avión “Pinocho” se encuentra exhibido en el Museo Militar de Aviación en Santa Lucía, Edo. Méx. Como homenaje el avión fue rotulado con la figura y nombre del muñeco de madera “Pinocho”, así como con la máscara del cacique “Cuanicuti” perteneciente a los indígenas purépechas del estado de Michoacán.
Bibliografía consultada.
- Pérez, M. G. (1988). Pinocho, una pagina en la Historia de la aviación mexicana. Morelia, Michoacán: Morevallado.
- Maya, D. C. (2026) Síntesis de la vida y hazaña de Miguel Carrillo Ayala, Gobierno de México: Síntesis de la hazaña y vida de Miguel Carrillo Ayala | Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México | Gobierno | gob.mx
Este artículo fue elaborado por personal perteneciente al Museo Militar de Aviación con el propósito principal de preservar la historia de la aviación militar en nuestro país.





