Sun Tzu fue un general y estratega que vivió hace veinticinco siglos, en un período convulsionado de la historia china en la que siete reinos, Zhao, Qi, Qin, Chu, Han, Wei y Yan, se disputaban la hegemonía. La supervivencia de cada reino dependía de la calidad de sus estrategas militares. La planeación marcaba la diferencia entre la victoria o la extinción. Escribió un breve tratado, de solo trece capítulos: El Arte de la Guerra.
La obra contiene principios que debe aplicar el comandante para enfrentar cualquier conflicto. Son principios generales que se aplican con igual pertinencia a la guerra convencional, a la diplomacia, a la negociación comercial y al liderazgo de cualquier organización.
El principio fundamental de la obra consiste en someter al enemigo sin luchar, ya sea mediante la diplomacia, presión, alianzas o demostración creíble de fuerza. La guerra abierta es siempre costosa e incierta; el estratega superior es el que la evita o la abrevia, no el que la prolonga.
LAS CINCO REGLAS DE ORO
1. Conócete a ti mismo.
Antes de enfrentar al adversario, el estratega debe conocer bien sus propias fuerzas; capacidad real de combate, recursos logísticos y económicos, el estado anímico de sus tropas y, sobre todo, sus debilidades reales, no las que el orgullo lleva a ocultar, sino las que el enemigo inevitablemente descubrirá. El autoengaño es la primera causa de las grandes derrotas. Los imperios y los ejércitos que se han derrumbado ante adversarios aparentemente más débiles han caído víctimas por sobreestimar sus fortalezas. La historia está llena de potencias que iniciaron guerras convencidas de triunfar en semanas y terminaron derrotadas: Napoleón en Rusia, Estados Unidos en Vietnam ―y posiblemente en Irán―, la Unión Soviética en Afganistán. El autoconocimiento riguroso revela limitaciones que la arrogancia oculta. Esta regla exige conocer con exactitud las prioridades irrenunciables, los puntos en que se puede ceder, los recursos disponibles, y el tiempo que se puede mantener una posición antes de que el costo sea insostenible.
2. Conoce a tu adversario.
Lo que hoy llamamos inteligencia estratégica: recopilación y análisis sistemático de las capacidades, intenciones y vulnerabilidades del adversario. La obra habla de los espías, a quienes califica como el recurso más valioso del comandante. No hay decisión estratégica informada sin inteligencia. Conocer al adversario significa también entender su cultura, historia, motivaciones y temores, no solo sus recursos materiales. En la diplomacia, este principio se traduce en la necesidad de comprender la lógica interna con que piensa y decide el adversario, antes de formular cualquier propuesta o ultimátum.
3. Conoce el terreno donde se dará la batalla.
Quien lo conoce y lo usa a su favor multiplica sus fuerzas sin añadir un solo soldado; quien lo ignora puede encontrar que ese mismo terreno lo destruye antes de que lo haga el enemigo. En la diplomacia y negociación, el “terreno” es el marco institucional, jurídico y político en que se desarrolla el conflicto. El negociador que no domina el terreno institucional puede encontrar que el mismo es desfavorable, por más sólida que sea su posición de fondo.
4. Conoce el ambiente de la batalla.
El terreno alude a las condiciones estructurales del conflicto. El ambiente remite a las condiciones coyunturales y cambiantes: el estado de ánimo de las propias fuerzas y del adversario, la fatiga o el entusiasmo con que cada bando llega al combate, divisiones internas que debilitan al enemigo, y eventos externos que alteran súbitamente el equilibrio. En la diplomacia contemporánea, el ambiente es la coyuntura política que rodea una negociación: una elección próxima puede obligar a un negociador a endurecer su posición; una crisis económica puede hacer que un gobierno acepte términos que en otras circunstancias rechazaría. Quien interpreta el ambiente correctamente aprovecha mejor las oportunidades.
5. Nunca inicies una batalla sin una estrategia de salida.
Esta es la regla más ignorada de las cinco. El comandante prudente nunca debe comprometer a su ejército en un combate sin una salida viable por si las cosas salen mal. La imposibilidad de retirarse significará la destrucción total. La historia confirma esta lección brutal: las tropas napoleónicas y alemanas atrapadas en las planicies heladas de Rusia o los estadounidenses en Irak y Afganistán durante décadas en conflictos cuyo final nunca previeron al iniciarlos. En la negociación diplomática la estrategia de salida equivale a la mejor alternativa a un acuerdo negociado: saber qué se hará si la negociación fracasa. Sin esa alternativa, el negociador está a merced del adversario, y terminará aceptando condiciones desfavorables solo para no retirarse con las manos vacías.
UNA BRÚJULA PARA EL SIGLO XXI
Sun Tzu sintetizó en pocas páginas una filosofía de acción basada en la previsión, la adaptabilidad y uso inteligente de los recursos. Veinticinco siglos después, cada vez que un comandante o un diplomático se sienta a planear una batalla, o a negociar un tratado, cada vez que un estadista debe decidir si responder a una provocación con la fuerza o con paciencia, cada vez que un ejecutivo diseña la estrategia de su empresa en un mercado implacable, esas cinco reglas siguen siendo una brújula confiable. Las lecciones de El Arte de la Guerra son universales y no envejecen.